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ÉPICA VASCA

El Real Madrid perdió en Bilbao la oportunidad de superar a su eterno rival, el Barcelona, y se distanció del nuevo líder, el Atlético, en un duelo marcado por la intensidad de los leones y por la discutida expulsión de Cristiano Ronaldo.

El nuevo estadio de San Mamés conserva esa atmósfera especial de la Catedral. Un aroma a épica y a fútbol inglés. El Athletic superó al Madrid en intensidad en la puesta de escena. Modric y Xabi Alonso tardaban en recuperar y Ander Herrera asumió el mando de los leones. El jugador, con pasado zaragocista, está en una forma increíble y lleva tiempo mostrando que es uno de los medios con más proyección del fútbol español. Tiene detalles técnicos de gran maestría, solo ensuciados por una tendencia transitoria a la picaresca.

El Madrid vivió todo el partido incómodo, abrumado por la intensidad del Athletic y contagiado por el ambiente de la Catedral. Sin embargo, su pegada le tiene siempre en el partido. Cristiano necesita de bien poco para armar una ocasión, Benzema anda muy fino y Jesé se está destapando como una realidad, dejando a un lado su condición de promesa. Modric jugó muy bien en la ida en el Bernabéu pero en la vuelta nunca cogió el mando. Xabi Alonso estuvo desafortunado en la salida de balón y destacó en el juego subterráneo. A costa de algún tobillo bilbaíno.

El Athletic tapaba bien las líneas de pase y el Madrid y Diego López se complicaban con pases comprometidos en sus dominios. Hace tiempo que me he fijado en el sobrio central Laporte, que compartió la zaga con Gurpegui.

Los leones tenían el control del partido, habían conseguido llevarlo a su terreno. Llegaban con más frecuencia, pero Diego López se encargó de sofocar sus incursiones con cierta dificultad. El Madrid, sin embargo, cada vez que llega a tres cuartos de campo transmite gran sensación de peligro.

El conjunto de Carlo Ancelotti sufre cuando el repliegue del equipo rival es rápido. Necesitan espacios para que sus extremos se pongan en vuelo. En jugada estática ha perdido mucho con la baja de Özil y la suplencia de Isco. Sus ataques se vuelven previsibles y se amparan en disparos de Cristiano o en la habilidad del incipiente Jesé, ante la ausencia de Gareth Bale.

Sin embargo, a la carrera, sus flechas se disparan y mediada la segunda mitad Cristiano asistió a Jesé, una especie de calco del portugués, quien batió a Iraizoiz ante las protestas de la zaga bilbaína. (0-1) Los leones reclamaban un fuera de inexistente. El canterano puso la guinda a su gran partido con un gol, para ser después sustituido, cuando el resultado pedía su presencia. Sin embargo, el relevo que realmente cambió el encuentro fue la salida de Ibai Gómez, un jugador que se ha asentado en la banda bilbaína. Sustituyó al escurridizo Muñain, que últimamente parece algo melancólico y falto de velocidad.

 El primer balón que tocó Ibai fue una falta al borde del área. La colgó al área chica y el centro fue repelido por Sergio Ramos. Su despeje cayó a la zona donde estaba Ibai que empalmó una volea preciosa a la base del palo de Diego López. (1-1) Era el primer gol que encajaba el Madrid en 2014 y el único balón al que el portero gallego no pudo llegar en todo el encuentro.

En esas, una vez conseguido el empate llegó la otra jugada que cambió el partido. Cristiano perdió el balón en el área rival y se enzarzó en una especie de pelea de gallos con Gurpegui e Iturraspe. Los leones buscaron las cosquillas a un Cristiano que cayó demasiado fácilmente en la provocación. A Cristiano le pesaron los focos, el hecho de que todas sus acciones son miradas con lupa, y volvió a ser el protagonista de una niñería que le costó cara a la plantilla madridista. Iturraspe y Gurpegui fueron los provocadores, pero sacaron partido de la jugada. La última vez que el portugués perdió los nervios fue en la final de Copa ante el Atlético de Madrid. Donde dejó a su equipo con uno menos cuando la remontada ya era imposible.

Poco antes de que acabara el partido llegó la última ocasión del Athletic, en otra asociación entre Sergio Ramos e Ibai Gómez; esta vez el voleón fue despejado por el  portero madridista. El partido acabó en tablas y el punto no fue del todo malo para ninguno de los dos. Los leones porque jugaban contra los blancos, y el Madrid porque jugaba en la Catedral. Lo cierto es que el Athletic acabó buscando más el resultado que los madridistas.

Xabi Alonso dijo al término del partido que al árbitro le había afectado el ambiente de San Mamés, pero lo cierto es que al Madrid también. Se contagió del ambiente, de esa atmosfera única. Y el Athletic controló el juego, aunque la pegada de los blancos siempre ha valido para ganar partidos de este calibre. En los que no les hace falta jugar mejor que su adversario. Donde la épica y el fútbol van de la mano. Faltó la lluvia, eso sí.

 

J.R.G

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